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Los Guardas Forestales rastrean los ríos navarros para censar las truchas que hay en ellos

Fuente: Diario de Navarra

Los Guardas Forestales rastrean los ríos navarros para censar las truchas que hay en ellosAtontan a los peces con una descarga eléctrica de 150 voltios, los recogen en pozales y los trasladan a un vivario sumergido. Después les suministran un anestésico que permite su manipulación sin dañarlos y contabilizan el número de ejemplares alevines, juveniles y adultos y su tamaño. Los guardas forestales del Departamento de Medio Ambiente realizan 61 muestreos todos los veranos en los mismos tramos seleccionados de los ríos navarros para calcular la densidad de la población de truchas, información con la que se determinan las cuotas de captura del año siguiente. Según los últimos datos disponibles, pertenecientes al conteo realizado el año pasado, la población de truchas en Navarra ha registrado un significativo descenso respecto a 2010, especialmente los alevines.

Frente a una densidad media histórica por hectárea de unos 3.100 ejemplares, en 2011 se contabilizaron unos 2.100. Solo el 40% de los tramos estudiados presentaba poblaciones iguales o superiores a las normales, lo que realza el valor de este conteo para garantizar la sostenibilidad de su pesca.

“Es un sistema completamente inocuo. Una vez terminamos el proceso, devolvemos todos los ejemplares al río. Procuramos repartirlos por las mismas zonas donde han sido capturados”, explica Miguel Rodrigo, de 58 años y con más de tres décadas de experiencia en el cuerpo.

“En bastantes ocasiones, la gente cree al vernos trabajar que estamos esquilmando las truchas, por lo que hay que dejar claro que siempre las devolvemos al río”, insiste. Los 61 tramos han sido elegidos cuidadosamente para que los datos que se recopilan sobre el terreno permitan confeccionar un cálculo realista de la densidad de esta especie. El muestreo se realiza en verano porque el caudal de los ríos es menor, lo que facilita que los guardas forestales puedan caminar por el lecho, una exigencia de la técnica empleada para la captura.

Cada tramo, de cien metros de longitud, lo recorre a contracorriente un equipo formado por siete personas que avanzan en formación. El primer miembro lleva la pértiga que va conectada a un transformador de corriente continua situado en la orilla mediante un cable que se desenrolla conforme avanzan. “El voltaje suele variar según la conductividad del agua. Si con las primeras descargas el pez no queda atontado, aumentamos la tensión eléctrica. Lo habitual es empezar con 150 voltios”, afirma Rodrigo. A su espalda van dos personas con tomaderas, unas varas con una red en un extremo, que capturan las truchas atontadas y las trasladan a uno de los pozales que llevan otros dos guardas justo detrás. El penúltimo se ocupa del vivario, donde almacenan los peces, y el último de que el cable no se quede enganchado. “Lo malo es que quienes se encargan de las tomaderas reciben de vez en cuando alguna descarga. No es peligroso, pero sí desagradable, por lo que es importante ponerse de acuerdo con quien lleva la pértiga”, razona Salvador Del Pino, jefe de sección de Guarderío Forestal.

“Conozco una ocasión en la que usaron la expresión dale para comenzar la descarga y vale para terminarla. El caso es que un compañero estaba recibiendo una descarga y no dejaba de gritar ¡vale!, pero el de la pértiga le entendía ¡dale!. El pobre hombre pasó un mal rato”, recuerda Del Pino con una cierta nota de humor en su voz. Las caídas en el agua por algún resbalón también son frecuentes. “Cuando uno se cae, el resto se ríe. Un día te toca a ti y al siguiente al compañero”, asume Rodrigo.

Los Guardas Forestales rastrean los ríos navarros para censar las truchas que hay en ellosA pesar de estos pequeños percances, los guardas forestales reconocen que aman su trabajo. “Somos afortunados porque hacemos lo que nos gusta”, dice Nacho Borda, de 30 años y con ocho de experiencia en el Guarderío. Borda, destinado a la demarcación de Aezkoa- Quinto Real, explica que las responsabilidades de un guarda forestal son muy variadas.

“Es habitual acudir en apoyo de las labores de las demarcaciones vecinas , como sucede con el Censo de truchas”, detalla Inma Siles, de 42 años y con once años de experiencia en el cuerpo, refrenda a su compañero y añade que este es un trabajo para quienes les gusta “más el monte que la oficina”. “Es muy variado. Un día, como hoy, toca pescar truchas, otro permanecemos ocupados con el marcado de árboles... Estamos todo el día en el monte para lo bueno y lo malo, aunque para mí pesa más la parte bonita”, afirma esta ingeniera que vino a trabajar a Navarra desde Madrid. Siles solo se queja de la actitud de algunos ciudadanos hacia los guardas forestales. “Somos agentes de la autoridad y podemos denunciar o registrar un vehículo, como la Policía Foral o la Guardia Civil. Sin embargo, aunque no es algo generalizado, es frecuente que no nos respeten y se nos enfrenten”, lamenta.

Una vez han barrido varias veces el tramo del río asignado, labor en la que invierten unas dos horas, comienzan las mediciones de los ejemplares recogidos.

“Con esta técnica capturamos al 99% de las truchas. Se contabiliza el número de adultos, juveniles y alevines, los medimos y también registramos algunas características. Por ejemplo, nos fijamos si las aletas están desgastadas, lo que nos indicaría que ese individuo proviene de piscifactoría”, aclara José García- Falces, de 42 años y guarda mayor de la demarcación de Pamplona.

Esta técnica para capturar truchas también se utiliza para rescatar y trasladar a los peces que pueden verse afectados por una obra o antes del vaciado de un canal de riego. “En algunas ocasiones hacemos sondeos específicos que no están incluidos en el censo de  truchas en tramos de ríos tras un vertido tóxico. Así podemos cuantificar de forma científica el daño causado al ecosistema”, expone García Falces.

 

Reconocimiento Agentes de la autoridad

Los guardas forestales, que dependen del  Departamento de Desarrollo Rural, Medio Ambiente, y Administración Local, son agentes de la autoridad, como los policías forales o los guardias civiles. Pueden dar el alto a un vehículo en un camino, registrarlo y sancionar cualquier comportamiento contrario a la normativa vigente. 

“Como no van uniformados, los ciudadanos no les toman tan en serio. Esto es algo que vamos a ir solucionando conforme el presupuesto nos permita equiparlos mejor”, explica Salvador Del Pino, jefe de sección del Guarderío Forestal. Las 115 personas que forman parte de la plantilla suelen soportar muchas habladurías.

“Se cuentan barbaridades de todo tipo. Una vez escuché una acusación de que lanzábamos culebras desde helicópteros”, cuenta José García-Falces, guarda mayor de la demarcación de Pamplona.

Sin embargo, el grado de concienciación medioambiental de las nuevas generaciones es un aliado para el trabajo de los guardas forestales.

“Me ha sorprendido ver a niños que corrigen malos hábitos de sus padres”, afirma García-Falces.

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