APAF-Madrid (Asociación Profesional de Agentes Forestales de la Comunidad de Madrid)

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Sólo el 10% de los incendios son por causas naturales

Fuente: La Vanguardia

Sólo el 10% de los incendios son por causas naturalesMás del 90% de los incendios forestales son provocados (por accidente, negligencias o intencionados) y el resto son atribuidos a causas naturales. Los intencionados suponen entre el 25% y el 30% de los casos investigados y a la hora de desenmascarar a los autores se constata que la mayoría de las personas que provocan esos fuegos pertenecen al grupo de los incendiarios. Son individuos a los que beneficia -a nivel personal o económico- la quema de esa masa forestal. Los incendios causados por pirómanos, personas que sufren un trastorno del control de los impulsos con una atracción desmedida por las llamas, son una minoría. Sólo un 3% de la población padece esta patología. Preocupan, por lo tanto, mucho más los incendiarios (están detrás de los últimos grandes incendios declarados este mes de agosto en España) que los pirómanos.

La investigación para esclarecer las causas de un incendio -el peso de ese trabajo recae en los agentes rurales- resulta compleja cuando detrás de esos fuegos hay una intencionalidad, afirma Jaume Torralba, jefe regional del Cos d'Agents Rurals. Los agentes rurales descubren, en más de un 90% de los casos investigados, las causas del origen de las llamas, pero no siempre resulta fácil determinar cómo, qué o quién ha prendido la mecha. Cuando se sospecha que ha habido intencionalidad, las pesquisas para llegar al autor son similares a las empleadas para desenmascarar a un criminal.

La atención de los agentes rurales se centra, añade Torralba, en los hot spots (puntos calientes). "Son áreas en las que se detectan igniciones superiores a lo que marca la estadística histórica". Cuando en un punto concreto se disparan los incendios, "esa concentración suele estar casi siempre relacionada con la existencia de una intencionalidad", revela este jefe de los Agents Rurals. Ocurrió, por ejemplo, en Sant Llorenç del Munt hace unos años. En un paraje forestal de esa zona se repitieron hasta ocho incendios en muy poco tiempo. Esos fuegos se originaban siempre muy cerca de una masía que estaba en venta. Los agentes rurales centraron su investigación en los encargados del mantenimiento de la casa y montaron vigilancia. Lo hicieron tras constatar que esos masoveros tenían derecho a una indemnización si la masía se vendía. Y dieron en la diana. Un día observaron cómo la mujer encargada del cuidado de esa casa se introducía en el bosque. A los pocos minutos observaron una columna de humo. La mujer, de 72 años, fue detenida y condenada. Es un claro ejemplo, indica Torralba, de la actuación de un incendiario. Aquí había un móvil económico. La masovera provocaba esos incendios para que el precio de la masía, que nadie quería comprar, bajara. Así sería vendida y cobraría la indemnización.

Conseguir una condena en casos de incendio forestal no resulta fácil. Estos delitos los juzgan tribunales populares (el Gobierno estudia ahora cambiar esa ley) y eso requiere un esfuerzo extra de los agentes rurales en la recogida de pruebas para que el jurado no tenga dudas. "Sólo conseguimos veredictos de culpabilidad en aquellos casos con muchos indicios y muy evidentes. Es muy difícil coger al incendiario o pirómano con la manos en la masa", afirma Torralba.

En otro caso (el protagonista fue un pastor de ovejas de Tordera) los agentes activaron el protocolo establecido para los hot spots. De un día para otro empezaron a producirse incendios en un área forestal en la que apenas constaban fuegos en los últimos años. Esos episodios coincidieron con la llegada a la zona de un pastor. Los agentes recogieron indicios y le culparon de esos incendios (para los investigadores era un incendiario que quemaba monte para tener más pasto para las ovejas) pero un tribunal popular (con tres votos en contra) dictó un veredicto de no culpable. El pastor fue absuelto, "aunque desde la detención de ese hombre no hemos tenido más fuegos en esa zona", revela Torralba.

En el caso de los incendiarios no hay un perfil definido -sí que coinciden los motivos que les empujan a originar las llamas-, en contra de lo que ocurre con el pirómano. Este último suele ser un varón joven, indican los psiquiatras, con una historia personal de frustraciones, mal rendimiento escolar y profesional y desajustes emocionales. El pirómano, además, es más propenso a confesar el delito y suele quedarse en el escenario para observar y disfrutar con el "espectáculo". El incendiario, por el contrario, "raras veces admite su culpabilidad, busca siempre una coartada y no se queda en el lugar del fuego", afirma Torralba. Hay, sin embargo, episodios en los que se mezclan actitudes de incendiario con comportamientos de pirómano. Es el caso de un jefe de Protecció Civil del Anoia. Fue condenado por provocar fuegos a los que él siempre llegaba el primero y así podía coordinar los trabajos iniciales de extinción. Buscaba protagonismo (le llegaron a felicitar en varias ocasiones por su efectividad) pero se cree que también disfrutaba con el sonido de las sirenas y espectacularidad de las llamas. En esta mezcla incendiario-pirómano encaja también el comportamiento de un vecino de Sabadell (informático, de buena familia, sin antecedentes y con éxito laboral) que llegó a provocar más de una treintena de incendios en los alrededores de Bellaterra. Causaba los fuegos al salir del trabajo, y como hubo una conformidad en el juicio, nunca llegó a revelar los móviles de esa conducta.

La investigación para desenmascarar a ese informático requirió muchas horas de vigilancia, casi tantas como las invertidas para atrapar a una anciana de Vilanova i la Geltrú, que cada día quemaba un trozo de margen de una carretera, que discurre junto a un bosque, por la que solía pasear. Los matorrales le obligaban a acercarse demasiado a la calzada y temía ser atropellada.

Y en los últimos años los agentes rurales han detectado un nuevo perfil de incendiario. Se trata de personas llegadas de fuera que realizan ritos (en un caso se constató que sacrificaron un pollo) y después queman la zona donde se ha escenificado la ceremonia para purificarla. Se han detectado casos en el Garraf, el Bages o el Anoia.

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