APAF-Madrid (Asociación Profesional de Agentes Forestales de la Comunidad de Madrid)

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Orquídeas, el lince vegetal

Fuente: La Razón

Hasta 18 de las 50 especies de esta planta que se reproducen en Madrid están amenazadas n Los forestales han elaborado una guía para protegerlas

Orquídeas, el lince vegetalEntre los tesoros medioambientales madrileños hay especies «incluso más amenazadas que el lince». Así se refiere, Miguel Higueras, miembro del Cuerpo de Agentes Forestales de la Comunidad de Madrid, a las orquídeas, una planta que llevan vigilando de cerca más de cuatro años y de la que se han recuperado algunas especies que habían desaparecido de nuestros hábitats. Un estudio elaborado por los agentes encargados del entorno natural de la región –que de momento es de uso interno pero que próximamente se va a editar para convertirse en una guía de acceso público– devuelve al catálogo de flora autóctona algunos tipos de orquídeas silvestres a las que se había perdido la pista. Nuevas referencias sobre una especie asociada habitualmente a climas tropicales pero que crece en diferentes puntos de la Comunidad no libres de peligro. Y es que de los 50 tipos de orquídeas reflejados en los registros botánicos autonómicos, 18 presentan distintos tipos de amenazas y dos de ellas, incluso, están incluidas en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas.

En el minucioso trabajo de campo realizado por los forestales (dependientes de la consejería de Presidencia y Justicia) los agentes de la naturaleza se han encontrado con algunas sorpresas: «El grueso de las especies de orquídeas se dan en los trópicos. Aquí también son normales pero se ramifican mucho de forma que hemos encontrado especies raras, muy amenazadas y pocas poblaciones de algunas especies que ya se habían dado por extinguidas como el Limodorum trabutianum», explica Higueras. El caso de Limodorum trabutianum o Himantoglossum hircinum es especial porque sólo se conocía la existencia de estas especies en la Comunidad de Madrid a través de citas bibliográficas de botánicos del siglo XIX y principios del XX. En algunos casos, después de más de cien años y cuando prácticamente se las daba por extinguidas, los Agentes Forestales han conseguido hallar nuevas poblaciones de estas especies en puntos muy localizados de la región. Y es que básicamente en esto consistía su labor, primero localizando las orquídeas para su posterior catalogación según los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). La curiosidad es que de la primera, que se consideraba exterminada, los agentes han localizado una población de diez individuos única confinada en unos cuantos metros cuadrados del pinar de la Sierra de Guadarrama. Sobre la segunda especie, la Himantoglossum hircinum hacía décadas que no se encontraba en Madrid y gracias a este proyecto se han hallado nuevos ejemplares en dos pequeñas poblaciones al sur de la región.

Mejor suerte han corrido con el paso de los años otra especie, la Orchis papilionacea, que ha pasado de apenas cuatro o cinco poblaciones localizadas a 33, con varios miles de ejemplares, repartidas en veinte municipios diferentes de la Comunidad. También la orquídea conocida como «flor del hombre ahorcado» (Aceras anthropophorum), de la que en el último siglo sólo existían citas de presencia confirmada en el municipio de Arganda del Rey, ha visto ampliada su área de distribución al ser localizadas dos nuevas poblaciones en los municipios de Perales de Tajuña y San Martín de la Vega.

Alcalá de Henares, el Parque Natural de Peñalara, Lozoya, Buitrago, Montejo, Torrelaguna, Villarejo de Salvanés, el Parque regional del Sureste, San Martín de Valdeiglesias, el Parque Regional del Guadarrama Norte y Sur, Robledo de Chavela, El Escorial, Manzanares El Real y Colmenar Viejo son otras de las localidades incluidas por los Agentes Forestales en su particular «mapa de las orquídeas». Una fotografía de esta especie que florece desde finales del invierno hasta principios del otoño (dependiendo de las especies), y cuya mejor época es entre febrero y mayo, pero que en algunos casos precisa de unos tratamientos especiales.

Los forestales, explica Higueras, tienen encomendadas labores de custodia y vigilancia de este tipo de flora madrileña en especial peligro de extinción. Es por esto por lo que el trabajo que ahora han realizado localizando estas especies –buscando en zonas donde ya se sabían que crecían y estudiando aquellas que por referencias históricas, el sustrato de la tierra o los antecedentes se consideran susceptibles de que pudieran desarrollarse– pasa ahora a disposición de los técnicos de la Consejería de Medio Ambiente, que son los que ponen los medios para preservar la supervivencia de estos ejemplares. «En las fichas además de localizarlas y describir sus formas y llamativos colores aconsejamos las medidas específicas de conservación que se pueden tomar sobre el terreno. Dependiendo del estado de la especie y de su ubicación aconsejamos crear vallados puntuales de microrreservas de flora, especialmente si están cerca de poblaciones de cabras que puedan comérselas u otro tipo de fauna que pueda pisarlas. También para aislarlas de las áreas de desbroce para los incendios», añade el agente forestal, que también recomienda en algunos casos «extraer las semillas para trabajarlas en un laboratorio de conservación exitu».

La guía ha contado con el aval de expertos de las universidades Complutense, Politécnica y Autónoma, pero las orquídeas cuentan también con una avalancha de «expertos de andar por casa» ávidos por hacerse con un nuevo ejemplar. ¿Hay riesgo de que estos tesoros florales sean expoliados? Algunas poblaciones de Robertiamun «orquídea gigante» ya han desaparecido de los espacios naturales que son de todos con la ayuda de palas y material de jardinería, concluye Higueras, que lo tiene claro: «Las orquídeas son un tipo de flor que vive en simbiosis con unos hongos. Si les separan las flores, no puede sobrevivir».

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