APAF-Madrid (Asociación Profesional de Agentes Forestales de la Comunidad de Madrid)

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Arizónicas, un peligro público

Arizónicas, un peligro públicoLa arizónica (Cupressus arizonica), es una especie no autóctona originaria del norte de Méjico y del sur de los Estados Unidos, que se utiliza masivamente en jardinería, principalmente para formar setos. También han sido utilizadas en repoblaciones forestales.

Esta conífera exótica, muy resinosa e inflamable, supone un factor de riesgo añadido en los incendios forestales, urbanos y de interfaz mixto urbano-forestal. Casas, chalets, urbanizaciones, fincas, piscinas, instalaciones e incluso depósitos de gas, al rodearse de setos de arizónicas, se convierten en auténticos polvorines y en auténticas bombas de relojería.

Su valor ornamental como seto, es muy cuestionable. Es caro y costoso mantenerlas a raya, cualquier retraso en su exigente poda anual hace que ya sea imposible dominarlas de forma estética. Van invadiendo espacio y terreno, alcanzando alturas, anchuras y volúmenes tan indomables, que asfixian. Son fácil pasto de hogos, pudriciones, enfermedades y ramas secas.

No será por falta de alternativas. Hay otras muchas especies para seto estéticas, frescas, verdes, floridas, autóctonas, menos combustibles, que proporcionan alimento y refugio para la fauna y de mantenimiento fácil y barato: durillo, madroño, hiedra, madreselva, acebo, aligustre, boj, laurel, lauro, espinos y un largo etcétera.

Arizónicas, un peligro públicoMás cuestionable todavía, es la presencia de arizónicas en algunos montes y en algunos espacios naturales protegidos. Tampoco será por falta de alternativas mucho más adecuadas.

Por otra parte, las arizónicas son urticantes por contacto y foco de una de las causas de alergia por polen más frecuente entre la población, con lo que esto conlleva de gasto sanitario (consultas, bajas, vacunas, antihistamínicos, broncodilatadores, etc.) para tratar o paliar su molesta y en ocasiones grave sintomatología

Algunas sensatas, aunque aún escasas administraciones públicas, por fin han caído en la cuenta del craso error de la absurda moda de las arizónicas y prohíben ya su plantación en sus ámbitos competenciales, a la vez que promueven y fomentan la eliminación de las existentes y su sustitución por otras especies, como medida preventiva de autoprotección contra incendios y por cuestiones de salud pública y de biodiversidad.

En resumen, la arizónica es una planta foránea totalmente prescindible, innecesaria, insalubre y peligrosa que debería ir desapareciendo de nuestros montes, campos, pueblos y ciudades en favor de otras más beneficiosas.

Nunca tuvo ningún sentido crear y mantener auténticas teas durmientes y eficaces fábricas de alérgenos alóctonas, pero menos ahora en tiempos de crisis, en los que se recorta en medios para incendios, biodiversidad y sanidad. Las arizónicas son un peligro público y su erradicación sí que sería un recorte inteligente.

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