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Así investiga el «CSI» de los incendios en la Comunidad de Madrid

Fuente: ABC

ABC acompaña a agentes forestales en la indagación de las causas de un fuego. Esclarecen más del 90% de los casos

Así investiga el «CSI» de los incendios en la Comunidad de Madrid

Guantes de látex, tecnología punta, olfato de detective y mucha experiencia sobre el terreno. La Brigada de Investigación de Incendios Forestales (BIIF) de la Comunidad de Madrid trabaja siguiendo las pistas del fuego. No hay nada que pase desapercibido, por pequeño que sea, en sus indagaciones. Llegan cuando el incendio acaba de producirse y acompañan a los bomberos durante la extinción si es preciso. Para ellos, es importante recopilar datos y pruebas desde el primer momento. Su labor comienza allí, pero no termina hasta que descubren la causa o identifican al que lo ha provocado accidental o intencionadamente.

Su cometido es tan importante para la región que más del 90% de los fuegos quedan resueltos. Antonio Martínez, coordinador general de las BIIF, es uno de los agentes forestales que contribuye a que esa estadística baje cada año. Su pericia y sus conclusiones son fundamentales como medida de prevención. «Cada vez que descubrimos una nueva forma de provocar un fuego causamos un efecto disuasorio en sus autores», explica a ABC en la escena de un incendio reciente.

Sobre el terreno, sus conocimientos sorprenden. Saben «leer» las cenizas y las interpretan como si estuvieran ante un libro abierto. Las retamas, las encinas, las piedras, una lata calcinada... Cualquier objeto les «habla» de lo que ha podido ocurrir. «El viento, al contrario que en la extinción, nos ayuda a encontrar el origen del fuego», asegura Álvaro, otro agente forestal que acompaña a Martínez en las labores de indagación.

Recorren el sentido inverso que tomaron las llamas. Tras delimitar el área quemada con la ayuda de un GPS, lo siguiente es conocer las condiciones climatológicas con una pequeña estación meteorológica. Apuntan la temperatura, la humedad y la velocidad del viento en un informe que revelará «qué, cómo, dónde y por qué o quién ha causado el fuego».

«Lo peor para un incendio es cuando se cumple la regla de los “tres 30”», comenta Álvaro. «Cuando coinciden más de 30 grados de temperatura, más de 30 kilómetros por hora de viento y menos del 30% de humedad, el poder destructivo del fuego se multiplica», asegura.

Mientras revisan punto por punto, con una meticulosidad propia de científicos, llegan hasta el posible lugar donde se inició el incendio. Es una de las fases más importantes. «Rastreamos y delimitamos el punto de inicio con el objetivo de no modificar las posibles pruebas», explica Antonio al tiempo que su compañero se enfunda unos guantes de látex. «No hay que alterar la prueba», afirma.

Ambos coinciden en que el origen de este fuego pudo provocarse por el «chispazo de una máquina de corte como una radial o una motosierra». Según cuentan, es una de las causas más frecuentes. «Las imprudencias suponen cerca del 60% de los incendios en la región», confirman. «Hemos visto de todo, desde la típica colilla hasta gente quemando los enseres que no quería en el jardín», dice Antonio. Las más difíciles de averiguar son las que tienen un origen natural, como los rayos, «sobre todo cuando caen sobre los tendidos, que pueden conducirlos y descargarlos a kilómetros de donde realmente cayeron». «Otro motivo muy común son los pájaros electrocutados. Caen ardiendo sobre los pastos», cuenta.

Detectores de metales

Sin embargo, en esta ocasión, las pesquisas les conducen a emplear un detector de metales. Es muy útil para delimitar dónde puede haber las típicas esquirlas metálicas que se producen en los cortes. Al instante el aparato pita indicando una zona. Con la ayuda de un imán y una bolsa de plástico, se recoge la muestra. El agente no llega a tocar la prueba. Tras precintarla, numerarla y registrarla en el informe se remitirá al laboratorio, sin que se rompa la cadena de custodia. Allí es donde se percibe si existen acelerantes, síntoma de que el fuego ha podido ser intencionado.

El proceso sigue con la recogida de testimonios. «La colaboración es fundamental, aunque, a veces, la gente tiene reparos a involucrarse en estos asuntos. Esos testimonios quedan registrados en el informe que se remite a la Guardia Civil», aseguran estos forenses de las llamas.

Pirómanos, rayos y negligencias

Del total de 363 incendios investigados el año pasado, 164 se debieron a negligencias y causas accidentales

Los Agentes Forestales determinaron que 104 fuegos fueron provocados por pirómanos

El año pasado solo en 33 incendios no se logró averiguar la causa del fuego, el 9,1 del total

Dentro de los incendios que se originaron por causas naturales se registraron 13 por rayos

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